miércoles, 25 de enero de 2017

Francisco Ortiz

Nació en Almendralejo (Badajoz), el 1 de octubre de 1939. En su familia no había ningún antecedente artístico, pero sí prendió en él la afición a la música. Su familia se instaló en Madrid, donde su padre abrió un negocio. Desde la adolescencia le gustaba cantar y cantaba de todo: flamenco, rancheras, zarzuela, etc. Cuando cursaba el bachillerato supo que algunos de sus compañeros estudiaban canto y, a los diecisiete años hizo una prueba; como en ella alcanzó ciertas notas con facilidad y sin preparación alguna, le animaron a que continuara los estudios. A pesar de ello, dudó. Le asustaba meterse en ese mundo, tan complejo y difícil, que le ofrecía remotas posibilidades de destacar. No obstante, hizo tres cursos en el Conservatorio de Madrid. Poco después ingresó en el Ejército como voluntario. Fue entonces cuando tomó la decisión de dedicarse al canto. A los veintiún años continuó las lecciones con el maestro Francisco Navarro, que había sido tenor lírico. En su familia no encontró oposición alguna, sino muchos ánimos para que siguiera. Como era un gran admirador de Alfredo Kraus, en 1961 marchó a Valencia y durante dos años recibió lecciones de don Andrés Romero, con quien había estudiado en sus inicios el tenor canario. Seguidamente viajó a Italia donde encontró no pocas dificultades. Al fin consiguió ser acogido en las clases de Marcedes Llopart. Sufrió un principio de nódulo y estuvo cinco meses sin poder cantar. Hasta que una compañera de estudios le recomendó a la maestra Sara Storni, de la cual fue alumno durante tres años.
Debutó en Praga con AIDA en 1968. Los sucesos revolucionarios que siguieron a la célebre “Primavera de Praga” lo sorprendieron en la capital checa, obligándole a permanecer dos semanas confinado en un hotel después de las representaciones. Unos meses más tardes, el madrileño Teatro de La Zarzuela lo contrató para unas funciones de BOHEMIOS, DOÑA FRANCISQUITA, LA TABERNERA DEL PUERTO, EL BARBERILLO DE LAVAPIÉS y LUISA FERNANDA, dio varios conciertos y grabó algunos discos. Inmediatamente después fue contratado para recorrer Hispanoamérica con una compañía de zarzuela y opereta, con la que viajaban también Celia Langa y Dolores Cava. Con esa compañía actuó durante año y medio en funciones agotadoras de dos y tres obras diarias.
Por mediación de Montserrat Caballé, con quien comenzó a colaborar en 1971, logró dar una audición en el Liceo de Barcelona. En la temporada siguiente interpretó ATTILA, de Verdi, en dicho coliseo. El éxito obtenido y una satisfactoria actuación en una grabación de EL PÁJARO AZUL, del maestro Millán, llevó a la soprano catalana a ofrecerle una NORMA en Niza. 1973 fue también el año de su debut en el New York City Opera con una de las piezas que sería pronto su gran caballo de batalla: CAVALLERIA RUSTICANA. Cantó el MISERERE de Eslava, ese mismo año, al lado del bajo Julio Catania, en su solemne y tradicional ejecución en la Catedral de Sevilla. En Ginebra cantó LA FORZA DEL DESTINO en 1975, y ese mismo año sustituyó a Carlo Bergonzi en MANON LESCAUT. Posteriormente llegaron los debuts de Frankfurt, Berlín y la Staatsoper de Viena. En 1976 cantó una TOSCA memorable con Birgit Nilsson, que decía adiós a ese papel. En Madrid cantó IL TROVATORE, en 1978, con Martina Arroyo y Fiorenza Cossotto; y en Toronto NORMA con Joan Sutherland y Tatiana Troyanos.
Ha recorrido casi todo el mundo, cantando principalmente en los teatros de Alemania, Estados Unidos e Italia. Una experiencia que le marcó especialmente fue cantar en La Fenice de Venecia ATTILA con Boris Cristoff.
La última vez que se le escuchó en Madrid fue en 1984 en LA VILLANA, alternando con el tenor Antonio Ordóñez. Al final de su carrera, libre de la presión de los grandes escenarios, se dedicó a la enseñanza. 

(Para los amantes de la zarzuela)

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