domingo, 8 de mayo de 2016

Francisco Meana

Cantante español, nacido en Gijón el 8 de marzo de 1875 y fallecido en Buenos Aires el 19 de octubre de 1951. Fue un notable bajo que cantó varias óperas, pero que se dio a conocer más bien gracias a las interpretaciones de zarzuela y género cómico. Sin llegar a la calidad sonora de Uetam o Mardones, máximos exponentes de la cuerda de bajo en España, sí se mostraba muy recio y seguro en la ejecución, unido a la exhibición de unas muy buenas dotes de actor. Se le puede considerar un artista polifacético, ya que también fue director de escena y compositor.
Francisco Meana comenzó a cantar por afición, formando parte de pequeñas compañías de zarzuela que recorrían la región representando las piezas estrenadas en Madrid. Se trasladó a la capital hacia 1900 para adquirir una formación musical, ya que a pesar de tener experiencia -también figuró a principios de siglo en la compañia de Eduardo Bergés-, carecía de los necesarios conocimientos. En el Conservatorio estudió canto, armonía, composición y piano, y sólo tras varios años de ardua preparación consiguió llamar la atención del famoso comediógrafo Ramos Carrión, quien le recomendó para actuar en el Teatro Real. En dicho escenario se estrenó con la ópera Linda de Chamounix, junto al italiano Tita Ruffo, y después cantó Aida. En el mismo año, 1909, estrenó la última obra de Ruperto Chapí, Margarita la Tornera, en el papel de Gavilán. En las siguientes temporadas actuó en Argentina y otros países latinoamericanos.
En 1913 retornó a la escena madrileña, con una pequeña participación en el célebre estreno de Las golondrinas a cargo de la compañía de Emilio Sagi-Barba y Luisa Vela, y también el estreno, en noviembre de 1914, de La vida breve de Falla, junto a los mismos cantantes. 1916 fue el año de su consagración al ser aclamado en las interpretaciones de La patria chica, en el Teatro Apolo, y sobre todo en El asombro de Damasco, donde formaba un dúo memorable con Rosario Leonís. Repitió éxito de público y crítica en El gran visir -de nuevo con la Leonís-, y El señor Pandolfo, dos piezas cómicas idóneas para el lucimiento de sus cualidades artísticas. Por contra, obtuvo un sonado fracaso en la interpretación de La casa de enfrente, también en el escenario del Apolo.
Tras una segunda gira americana, estableció su residencia en Buenos Aires y relegó la actividad del 
canto a un segundo plano; en 1925 retomó brevemente la ópera acompañado de Hipólito Lázaro. Después trabajó un tiempo de gerente del Teatro Avenida, impartió clases de canto y composición y escribió la zarzuela Carmina, estrenada en el Teatro Colón de la capital bonaerense.

(La Web de las biografías)

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